ensordecen la tarde
y salterios de esperanzas
Sacuden los prados.
Es un día indultado
de otoño
bajo las hojas
del recuerdo...
Un día cabalgado
por un grito
de espina en las venas,
un día ajado
en las frondas,
donde los relojes
han cansado
el tic tac de la vida
y han quebrado el grito
del espejo...
Sólo cuando ya no cante la sangre
oirá Dios su sordera...

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